Haciéndole frente a los ataques de pánico: una historia personal

Un dibujo hecho por participantes de una clase de primeros auxilios de salud mental de ThriveNYC (captura de pantalla de un video en el sitio web ThriveNYC).

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Mi primer ataque de pánico ocurrió de la nada. No sabía que estaba deprimida, transformada en una olla de presión sobre fuego desatendida por tanto tiempo que terminé explotando. No solo no les había prestando atención, no reconocí las señales—ansiedad, insomnio, desesperanza—que en silencio me estaban empujando al límite. De haber estado más informada, quizás hubiera buscado la ayuda que necesitaba antes y no estaría contando esta historia. O quizás no. La verdad es que durante toda mi vida adulta siempre lidié con “mis cosas” sola, no porque pensara que era autosuficiente o no tuviera a alguien que me quisiese o se preocupara lo suficiente por mí como para compartirle mi dolor o mis miedos.

Simplemente no quería cargar a otros con mis problemas. Crecí escuchando a mi papá decir que él no le compartía sus problemas a nadie que no pudiera hacer nada para solucionarlos. Y aunque no me lo decía a mí directamente, el mensaje, de alguna u otra forma, caló en mí. Luego, cuando me convertí en periodista, disfrutaba de escuchar las historias de otros en lugar de contar la mía. Y siendo la mayor de cuatro hermanas, no quería exponer mis vulnerabilidades con nadie tampoco. Si tenía que sufrir—llorar—lo hacía sola, en casa. Sin testigos. Incluso si no estaba bien, me aseguraba de que los demás pensaran que sí lo estaba.

Nadie sabe exactamente qué fue lo que este año empujó a personas tan exitosas, queridas y admiradas como Kate Spade y Anthony Bourdain, y los mucho otros antes de ellos, al suicidio. Al escuchar las noticias, probablemente la mayoría de nosotros dijo algo como: :Pero si se les veía bien:. No estaban bien. Si bien mi depresión nunca me condujo a hacerme daño, sí experimenté pensamientos suicidas. Yo tampoco estaba bien.

En mi caso, una depresión de varios meses que surgió tras perder la estabilidad de un empleo que mantuve por más de una década y a la que no le había prestado atención me condujo a ese primer episodio de miedo sin precedentes e insoportable. Durante ese primer ataque de pánico, que ocurrió exactamente una semana después de haber iniciado un nuevo empleo que me pagaba casi la mitad de lo que ganaba con el anterior, pensé que me estaba dando un ataque al corazón y que estaba muriendo. No podía respirar, temblaba, mis dedos se contrajeron tanto que no podía abrir las manos. Y la parte quizás más surrealista: pensé que estaba en un sueño, o debería decir una pesadilla; como si mi alma hubiese dejado mi cuerpo. Los doctores le dicen “despersonalización” o “desrealización”. Luego, vendrían más de estos episodios y desarrollaría trastorno de pánico, el cual he tratado con medicina, terapia y el apoyo de mi familia y un puñado de amigos, además de una renovada fe espiritual.

Al momento de escribir esta historia, llevo más de un mes sin tomar antidepresivos. Creo que buscar ayuda profesional relativamente poco después de mi primer ataque de pánico contribuyó a mi recuperación. Después de mi paso por una sala de emergencia de hospital, la psiquiatra que me vio me indicó que debía buscar terapia de inmediato. Pero siendo de Perú, un país donde ir al dentista es un lujo, pagarle a un terapetua para que me escuchara sonaba a una cosa de ricos innecesaria. Tendrían que pasar dos o tres ataques de pánico más para convencerme de que mi salud mental era importante y que sí, necesitaba ayuda médica.

No existe una clara o única causa de los ataques de pánico o trastorno de pánico, que es cuando uno experimenta no un ataque de pánico aislado, sino episodios recurrentes y un miedo constante de otro ataque de pánico. En mi caso, los psiquiatras que me trataron —la de la sala de emergencias en un hospital en Manhattan y el que luego me evaluaría y me medicaría—, así como el terapetua que aún visito cada dos semanas concordaron que lo mío fue causado por mi depresión. Pero las causas también incluyen la genética, estrés extremo y cambios en la manera en que partes del cerebro funcionan. Las mujeres son más propensas que los hombres a desarrollar trastorno de pánico, según el Instituto de Salud Mental de Estados Unidos.

Aunque nunca había escuchado del trastorno de pánico, ni siquiera en qué consistía exactamente un ataque de pánico, antes de que me pasara, son mucho más comunes de lo que uno pensaría: una de cada 75 personas podría experimentar trastorno de pánico, de acuerdo con la Asociación de Psicología de Estados Unidos. Y más de una en cinco personas sufre de al menos un ataque de pánico en su vida, según un estudio en la publicación médica Archives of General Psychiatry.

Aun así, las personas que sufren o hemos sufrido de esto usualmente no hablamos al respecto, ya sea por vergüenza o por miedo a cómo vamos a ser percibidos por amigos o compañeros de trabajo. Esta es la primera vez que yo estoy hablando de mi experiencia fuera de mi familia y esos pocos amigos que mencioné al principio. No solo me he sentido avergonzada y temerosa, sino que recordar un ataque de pánico o hablar sobre trastorno de pánico me ha provocado el tipo de ansiedad que fácilmente puede conducir a un ataque de pánico y eso, créanme, es escalofriante.

Sin embargo, también he aprendido a la mala que es mejor hablar, liberar mis sentimientos más a menudo antes de que otra olla de presión explote dentro de mí.

Sin historial de ansiedad o trastorno de pánico en mi familia, ni mis padres ni hermanas sabían qué hacer conmigo cuando empecé a experimentar ataques de pánico. Si bien todos fueron amorosos y pacientes conmigo al principio, mi mamá, por ejemplo, en un momento pensó que si era más dura conmigo, me daría la fortaleza que yo necesitaba para enfrentar mis miedos. Pero no funcionó. Siempre quería que simplemente me abrazaran y cuidaran.

Si mi familia o yo hubiésemos estado mejor informados, quizás hubiera podido identificar y atacar mis síntomas mejor y ayudarme de una manera más efectiva.

“No está solo”

En la ciudad de Nueva York, donde una de cada cinco personas sufre de un trastorno de salud mental, según un estudio de 2015 del Departamento de Salud, hay recursos para ayudar a las personas con ataques de pánico y sus familias. A través de su plan de salud mental integral, ThriveNYC, la ciudad ofrece de manera gratuita a los neoyorquinos Primeros Auxilios en Salud Mental (MHFA, por sus siglas en inglés), descritos como “el RCP de la salud mental”, en los cinco condados.

Los alumnos aprenden sobre planes de acción para todo tipo de trastornos de pánico, incluyendo primeros auxilios para ataques de pánico. Mi pareja, que tampoco tenía idea de los ataques de pánico antes de que me ocurrieran a mí, tomó la clase para aprender más sobre lo que estaba experimentando y cómo ayudarme cuando el miedo atacara.

Pero no lo hizo solo por mí. Mi experiencia también fue atemorizante para él y las personas en mi círculo más íntimo. Como dije antes, de haber estado más informada, quizás no habría tenido esta experiencia. La información es clave y la clase que ofrece ThriveNYC puede hacer la diferencia. Además de la capacitación en persona, los asistentes se llevan a casa un manual cuyo contenido pueden compartir con sus seres queridos que enfrentan algún reto de salud mental.

Algunas recomendaciones en el manual del MHFA incluyen:

  • Si sospecha que alguien está experimentando un ataque de pánico, pregúntele a la persona si sabe lo que está pasando o si ha experimentado antes un ataque de pánico.
  • Si sabe que una persona está teniendo un ataque de pánico, cálmela afirmándole que lo que está ocurriendo es un ataque. Sin perder la calma, háblele a la persona de una manera tranquilizadora, pero firme. Sea paciente.
  • Una vez que haya pasado el ataque de pánico, pregúntele si sabe dónde conseguir información sobre ataques de pánico. Si no lo sabe, ofrezca sugerencias.

Un lugar al que puede dirigir a una persona que ha experimentado un ataque de pánico o que sufre de trastorno de pánico es NYC Well, un servicio de la ciudad disponible las 24 horas del día los siete días de la semana. A través de llamadas, mensajes de texto o chats, quienes acuden al servicio pueden recibir ayuda para lidiar con el estrés, la depresión o el abuso de sustancias. La ayuda, ofrecida en más de 200 idiomas, está disponible no solo para aquellos que atraviesan un problema, sino también para sus seres queridos.

Pablo Sadler, director médico de salud mental del Departamento de Salud de la ciudad, dice que de las aproximadamente 20.000 llamadas que recibe NYC Well al mes, cerca de 1.500 son por trastornos de ansiedad.

“No está solo”, asegura Sadler, subrayando que las personas que llaman conversan con especialistas certificados que antes han pasado por los mismos problemas que ellos.

A aquellos que están experimentando ataques de pánico recurrentes, Sadler los anima a practicar ejercicios de respiración, reducir sus niveles de estrés, hacer ejercicio físico de manera regular, y reducir su consumo de cafeína, alcohol y tabaco. Y una vez que pasen los ataques de pánico, recomienda que la persona escriba las cosas que lo hicieron sentirse mejor y que comparta esa información con las personas con las que se sienta cómodo.

“El apoyo es muy importante”, dijo.

Tiene razón.

“Es tan importante preguntarle a la gente cómo está, cómo se siente”, le dije a mi psicólogo después de la muerte de Bourdain.

“Es importante decirle a la gente cómo te sientes”, me recordó.

Andrea López Cruzado es una periodista y traductora ‘freelance’ que actualmente realiza prácticas con Radio Ambulante, un podcast distribuido por NPR. Este artículo fue escrito como parte de la Beca de Reportería de Salud 2018 del Centro de Medios Étnicos y Comunitarios de la Escuela de Posgrado de Periodismo Craig Newmark de CUNY y financiada por una donación de News Corp.

3 Comments

  1. Rocio Mimbela says:

    Es cierto muchas personas pasamos por la difícil experiencia de la depresión . A mi me pasó al año que llegue a vivir a New Jersey . Afortunadamente, reaccione al ver que mi hija pasaba mucho tiempo sola porque yo no tenía ganas de hacer nada más que estar en la cama y fui al doctor . Tome medicina por una año y lo pude superar , yo nunca tuve ataques de pánico . Tu eres muy afortunada de tener el apoyo de toda tu familia , yo estaba sola con mi hija pero ella fue mi motivo para salir adelante y claro el amor de Dios que nunca nos abandona .

  2. Pingback: – Coping with Panic Attacks: A Personal Story

  3. Vilma Velasquez says:

    Querida Andrea, recién leo tu publicación y de corazón te digo que me dolió mucho, cómo si fueras mi hija, solo te puedo decir Andreíta que tú conoces el amor de Dios, llenate de El, si estás sola El te va a escuchar y lo más importante te va ayudar, no sé qué medios usará, pero se por mi fe que El nunca te dejará sola. La oración tiene mucho poder, ora con sabiduría, hacer en mi iglesia hubo oración y le pide al Señor que te fortalezca, has demostrado ser una mujer muy fuerte. Te mando este versículo Salmo 31 versículo 24.

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